Blog: Terapias y tecnologías para la Salud

20 septiembre, 2018

La salud se mide en voltios

Afortunadamente, cada día somos más conscientes del valor de la salud y, de hecho, tratamos de prevenir la enfermedad cuidando, por ejemplo, la calidad de los alimentos que forman parte de nuestra dieta, haciendo algún tipo de ejercicio… E indudablemente, ambos son factores fundamentales que inciden directamente sobre nuestro estado físico… pero ¡no los únicos!

Hay algunos otros a tener en cuenta, algunos de los que nos han hablado bastante menos. Y uno de ellos, tan importante o más que los anteriores, es la energía – ese gran desconocido… Y es que, aunque aún nos suene raro o esotérico, los seres vivos somos emisores y receptores de energía, y esto es un hecho demostrado científicamente. Una energía que aunque siempre será algo intangible, la tecnología actual ya ofrece dispositivos y softwares capaces de medirla e incluso visualizarla. Fascinante, ¿verdad?

A día de hoy, sabemos con absoluta certeza que las células de un adulto sano tienen un voltaje (unidad de medida energética) entre -20 y -25mV. Que la creación de nuevas células (para procesos de regeneración, cicatrización, sanación…) requiere un voltaje superior, en torno a los -50mV; que en un enfermo crónico el voltaje baja a los -10mV; y en un enfermo de cáncer cambia incluso la polaridad y puede estar alrededor de los +30mV. Esto, por lo pronto, nos está diciendo que la medición de nuestro nivel de energía nos sirve para calibrar de una forma casi inmediata nuestro estado de salud.

El proceso en nuestro organismo es el siguiente: al bajar el voltaje, desciende el nivel de oxígeno (ocurre igual en el agua que es, por cierto un 70% de lo que somos). Al faltar oxígeno la producción de ATP (las moléculas de energía fabricadas a nivel bioquímico) se reduce considerablemente, con lo que las células no pueden hacer su trabajo: ni asimilar los nutrientes que les suministremos, ni eliminar los productos de desecho.

Este es el motivo por el que muchas veces tratamientos alopáticos, suplementos o hasta los alimentos más recomendables no tienen los efectos esperados: serán, con toda seguridad, los más adecuados, pero no vamos a obtener resultados si no llegan a ser absorbidos por las células (precisamente por falta de voltaje). Además, un entorno como este tenderá a la acidificación y será un campo de cultivo para que microorganismos patógenos (muchas veces habitantes latentes de nuestro cuerpo) “despierten” y quieran alimentarse… a nuestra costa, secretando enzimas tóxicas que entran en nuestro torrente sanguíneo con las consecuencias nefastas que todos conocemos…

Por ello, antes de llegar a desarrollar una patología, ante la que sería muy aconsejable un tratamiento terapéutico energético (paralelamente al alopático si queremos optimizar resultados), si hay muchos sencillos gestos cotidianos que podemos hacer en nuestro día a día para mantener nuestro nivel de energía en un nivel óptimo:

  • Dieta variada y equilibrada. Evitar alimentos procesados, grasas trans.
  • Eliminar tabaco, alcohol, café y té negro.
  • Consumir agua alcalinizada.
  • Ducharse en vez de bañarse.
  • Nadar en el mar mejor que en la piscina.
  • Tomar el sol (sin excesos).
  • Hacer ejercicio.
  • Caminar descalzo, mejor por la tierra, el campo, la playa…
  • Evitar ventiladores, secadores de pelo.
  • Apagar los wifi por las noches.

Porque es fundamental que entendamos que a priori la salud es algo que depende de nosotros mismos.

21 septiembre, 2017

Onnetsu, la terapia del calor y la vida

Entre las muchas terapias energéticas, y aunque aquí es todavía poco conocida, la Terapia Onnetsu, que consiste en la aplicación de Rayos Infrarrojos Lejanos (FIR), posiblemente avance muchas posiciones en los próximos años. Una innovadora estrategia indicada para el tratamiento de patologías muy diversas, inocua, indolora, no invasiva y sin apenas contraindicaciones ni efectos secundarios…

Los Rayos Infrarrojos Lejanos (Far InfraRed Radiation), considerados un tipo de luz no visible, fueron descubiertos por parte de la NASA alrededor de los años 60. Inicialmente se emplearon sobre todo en saunas por tratarse de una franja del espectro de energía electromagnética que además de emitir calor, poseía notables propiedades terapéuticas. Un par de décadas más tarde, la Dra. Tomeko Mitsui y la Dra. Kazuko tuvieron la brillante idea –nunca mejor dicho– de aprovechar estas cualidades y fusionarlas con el concepto base de la Moxibustión. De esta curiosa mezcla de tradición milenaria y vanguardia surge en 1988 el Onnetsuki.

 

¿Qué es el Onnetsuki?

Se trata del dispositivo utilizado para la Terapia Onnetsu, emisor de estos Rayos Infrarrojos Lejanos, con forma de pequeña pala que se va deslizando sobre la superficie del cuerpo, como si se tratase de un masaje termal que proporciona un calor suave y agradable. Está indicado en el tratamiento local y/o sistémico de una considerable lista de patologías: artritis, ciática, asma, dermatitis, úlceras, problemas digestivos, osteoarticulares, del sistema urogenital, diversos tipos de cáncer (optimizando incluso el resultado de los tratamientos tradicionales de radioterapia y quimioterapia que puedan seguirse de forma simultánea)…

Aunque indudablemente cada patología tiene sus particularidades, la pérdida de la salud implica en origen una serie de factores comunes, que son precisamente sobre los que actúa esta terapia. Su mejora terminará repercutiendo sobre los síntomas más locales y específicos. Efectos positivos en un 90% de los casos, hacen que en Japón, el Ministerio de Salud lo reconozca como instrumento médico, por lo que allí es una terapia ampliamente extendida.

 

¿De qué forma actúa?

La moxibustión, concepto base de la Terapia Onnetsu parte del principio de que las células cuando pierden su equilibrio, su homeostasis, se van quedando frías y faltas de energía. Los Rayos Infrarrojos Lejanos además del aumento de la temperatura en esas zonas, tienen diversos efectos biológicos: incrementan la calidad de los glóbulos blancos, refuerzan el sistema inmunitario, alivian el dolor, regulan tanto la circulación sanguínea como la linfática, estimulan la producción hormonal, equilibran los sistemas nerviosos autónomos simpático y parasimpático, facilitan la regeneración de tejidos, la eliminación de toxinas y patógenos, mejoran la calidad del sueño…

La banda de emisión del dispositivo, entre 8 y 14 micras de longitud de onda, coincide con una pequeña parte de la energía que proviene de la luz solar –en su mayor parte radiación infrarroja. Precisamente son estas frecuencias no solo las que permiten que las plantas hagan la fotosíntesis, por ejemplo, sino que resultan imprescindibles para la supervivencia de cualquier ser vivo. Esto sumado a un buen índice de penetración al interior de los tejidos (unos 25cm) genera efectos apreciables desde las primeras sesiones, profundizando mucho más allá de la superficie de la piel.

Las culturas orientales hablan también del Ki, Chi o Prana –dependiendo del país– como la energía interior humana que fluye por nuestro organismo cuando estamos sanos. Hipótesis aparte, lo que sí podemos afirmar a día de hoy es que se ha podido medir la radiación infrarroja procedente de las manos de los practicantes de QiGong o “Toque Terapéutico” y tiene entre 5 y 25 micras de longitud de onda. El hecho de que la longitud de onda del Onnetsuki (8-14 micras) esté comprendida dentro del rango de emisión del Ki (5-25 micras) explicaría que nuestra biología resuene y responda tan positivamente a esta terapia.

No obstante, tal y como apunta la filosofía oriental en lo concerniente a la salud: no es el terapeuta ni los Rayos FIR los que curan, sino que ejercen como canales que proporcionan la energía precisa para que el propio organismo del paciente recupere su capacidad de autocuración –capacidad de la que por cierto ya hablaba Hipócrates hacia los siglos V-IV a.C., considerado padre de la Medicina en Occidente.

21 agosto, 2017

Terapias energéticas: la ciencia de lo invisible

Venimos del paradigma newtoniano, del materialismo científico, lo que básicamente quiere decir que creemos lo que vemos –tocamos, olemos, oímos o saboreamos. Es decir, reconocemos básicamente aquello que percibimos a través de nuestros sentidos. Y eso pese a que, a quién no le ha ocurrido alguna vez, nos hemos podido llevar una sorpresa cuando en ocasiones nos han inducido a una percepción errónea –los trampantojos son un ejemplo ilustrativo–.

Incluso hemos aceptado, gracias a inventos como el microscopio, que nos permite ampliar la capacidad de nuestros maravillosos aunque limitados ojos, que hay una realidad más alla de la “frontera” de lo apreciable a “simple vista”.

Pero aún nos resistimos a aceptar lo que no vemos. Nos suena extraño y de hecho aún muchas personas el término “energía” entendido dentro del contexto de la salud y las terapias les remite a algo “esotérico” y poco fiable. Sin embargo, a día de hoy podemos afirmar sin ningún pudor y respaldados por el trabajo que brillantes científicos –algunos de ellos galardonados con el premio Nobel– han desarrollado a lo largo de todo el s.XX hasta el momento actual, que la energía forma parte no sólo de la naturaleza humana, sino de la de cualquier ser vivo. A decir verdad, nada nuevo si tenemos en cuenta que muchas culturas orientales llevan aplicando estos principios desde hace milenios… pero escribo desde nuestra mentalidad occidental. Es más, el avance de nuevas tecnologías ha posibilitado medirla con absoluto rigor y precisión, hasta el punto de hacer una reconstrucción que nos permitiría visualizarla a través de determinados softwares …fascinante! verdad?

 

El rol de la energía

Pero ¿cuál es el papel que juega esta energía en nuestro organismo? ¿qué relevancia puede tener este “descubrimiento”? La respuesta es difícil expresarla en pocas palabras, pero intentaré ser lo más breve y gráfica posible. La energía es lo que dirige, ordena y controla el crecimiento, desarrollo y funcionamiento de nuestro organismo, el lenguaje que “hablan” nuestras células (lo que hace, por poner un ejemplo sencillo, que en la evolución de un feto una célula termine formando parte del hígado y otra, parte de un hueso). Cada partícula, cada célula, cada órgano, cada tejido y cada sistema vibran en una frecuencia determinada y, como ocurre en una orquesta, en la que cada instrumento tiene una partitura diferente, al final todas las frecuencias se armonizan en una melodía colectiva común. La energía es la directora de la orquesta. Y si en algún momento se rompiese esta coherencia, si un “instrumento” desafinase terminaría traduciéndose en una enfermedad.

El estudio del campo electromagnético humano ha revelado que es (que somos) sensibles a muchos factores, unos externos, otros internos, pero, aunque nos cueste creerlo, lo que más puede afectarnos son nuestros propios pensamientos y emociones. Así mismo, se ha observado que cuando una alteración del patrón energético es muy intensa o perdura demasiado tiempo puede llegar a desencadenar una disfunción a nivel fisiológico (un síntoma o una enfermedad). De esto es fácil deducir que la energía se podría interpretar como una especie de puente entre emociones y fisiología. Apasionante, porque nos encontramos un plano desde el que es posible reconocer nuestro estado psico-emocional y a partir del cual podemos –bien estimulando o bien drenando– controlar el flujo de energía para que nuestro organismo (el conjunto de instrumentos de la orquesta) recupere el equilibrio.

 

Ventajas de actuar sobre el campo energético

Las ventajas son muchas: si logramos a través de la lectura del campo electromagnético, anticiparnos a la enfermedad, siempre será más sencillo corregir una alteración energética que un síntoma físico. Siguiendo esta premisa, una terapia de este tipo, podría evitar el sufrimiento asociado a la pérdida de la salud. Otro factor muy a tener en cuenta es que los tratamientos son por lo general no invasivos, indoloros y sin apenas contraindicaciones o efectos secundarios. Además, cualquier enfermedad, aunque termine manifestándose de formas muy diferentes, tiene una serie de factores comunes (sistema inmune debilitado, desequilibrio del sistema nervioso autónomo simpático/parasimpático, disfunciones en el sistema circulatorio, sistema linfático, presencia de toxinas y patógenos, etc.) que hace que la intervención sobre el campo de energía sea eficaz en el tratamiento de casi cualquier patología porque actúa a nivel sistémico.

En definitiva, la energía abre el horizonte –y seguramente aún queda mucho por descubrir– a una nueva forma de abordar la salud de forma segura, eficaz e incluso reforzando y optimizando otros tratamientos convencionales. Bienvenidos al siglo XXI.

25 abril, 2017

Del tratamiento del síntoma a la prevención

Más allá de nuestro plano puramente fisiológico y material, por todos conocido, hoy en día sabemos que los seres humanos somos una realidad compleja y multidimensional que consta además de otro energético (del que ya podemos afirmar con absoluto rigor científico que poseemos evidencias de su existencia, pese a la controversia casi histórica que se ha generado en torno a él, especialmente en Occidente).

Y yendo un poco más lejos, aún podríamos considerar otros planos: el emocional, el mental, e incluso, e independientemente del sistema de creencias que cada cual tenga, el espiritual es también parte esencial de nuestra naturaleza humana… Y todos ellos están totalmente fusionados y en continua interacción formando parte de un todo indisoluble – lo de separarlos es un mero recurso didáctico para facilitar su entendimiento. Lo que quiere decir que cualquier alteración, sea al nivel que sea, podría acabar repercutiendo tarde o temprano sobre todos los demás, si no tomásemos ninguna medida para evitarlo. Y esto implica, y es algo que deberíamos tener muy presente, que la enfermedad no es el síntoma, ni el conjunto de ellos.

 

TRATAMIENTO INTEGRATIVO DE LA ENFERMEDAD

La enfermedad es un proceso que empieza en una pérdida de equilibrio bien sea a nivel mental o emocional, anterior, en todo caso, a cualquier manifestación fisiológica. El síntoma entonces no es más que la consecuencia final, la materialización de una falta de coherencia.

Por esta razón, a la hora de abordar cualquier problema relativo a la salud de la forma más breve, eficaz y resolutiva posible, se plantea la conveniencia de un tratamiento integrativo, con una perspectiva global que abarque todos estos aspectos. Que sume sinergias, añadiendo al tratamiento fisiológico de la medicina convencional, un acompañamiento emocional, fundamental sobre todo para que nos ayude a entender el origen, el momento en el que se produjo el desequilibrio y el mensaje que nos transmite la enfermedad.

La terapia energética (las opciones son innumerables: acupuntura, auriculoterapia, microcorrientes magnéticas o electromagnéticas, reiki, homeopatía, etc.) constituye otro apoyo muy importante para que los síntomas más resistentes, tanto en patologías agudas como crónicas, empiecen a remitir, con la gran ventaja de que son tratamientos sin apenas contraindicaciones ni efectos secundarios.

De no ser así, si nos limitamos simplemente a curar síntomas, a tratar la enfermedad sólo en su manifestación más superficial, existe el riesgo de que la causa permanezca sin resolver, de que sigamos en estado de conflicto, aunque sea a nivel subconsciente. Y pese a que pueda observarse una mejoría, cabe la posibilidad de que nuestro organismo encuentre otra vía de expresión para trasmitirnos de nuevo su mensaje de alarma. Porque la enfermedad es la búsqueda por parte de nuestra biología de una solución a un estado de desarmonía o como dijo Carl Gustav Jung: El síntoma es el esfuerzo que la Naturaleza hace para sanar al hombre.

 

EL ENFOQUE ENERGÉTICO

Entendido este concepto, el enfoque energético de la salud nos ofrece, además de una amplia gama de poderosos tratamientos, una ventaja que implica una evolución fundamental desde una medicina sintomática a una medicina preventiva.

Esto se ha hecho posible especialmente desde que los últimos avances de la tecnología han puesto en nuestras manos dispositivos, con los que a través de pruebas inocuas y no invasivas es posible medir, reconstruir y visualizar prácticamente “aquí y ahora” el campo electromagnético humano.

Y es un hecho particularmente interesante porque, como ya se demostró a lo largo del siglo anterior gracias al trabajo de grandes científicos como Alexander Gurwitsch, Albert Szent-Györgyi, Harold Burr, Robert O. Becker, Herbert Fröhlich, James L. Oschman, Fritz-Albert Popp… es la energía la que dirige y organiza todos los procesos metabólicos y bioquímicos que se dan en nuestro organismo a nivel celular. Dicho de otra forma, y en muy resumidas cuentas: la energía es previa a la materia.

Este descubrimiento aparentemente simple tiene una enorme trascendencia: el análisis del campo electromagnético humano viene a ser una especie de escáner de “tendencias” en lo que a salud se refiere.

Si un análisis de sangre nos da una visión global de nuestro estado en parámetros fisiológicos (nivel de azúcar, colesterol, glóbulos blancos, hemoglobina, hierro…), el campo electromagnético nos da una visión igualmente global pero basándose en parámetros energéticos: estrés, simetría, equilibrio de órganos, reservas… lo que implica poder detectar si hay algún valor fuera de los niveles óptimos que nos ponga sobre aviso. Es decir, un patrón energético que estuviera alterado nos permitiría ver, en personas que hasta el momento es posible que no hubieran presentado ninguna sintomatología más allá del cansancio o el estrés, qué órganos o sistemas, bien por exceso o bien por defecto de energía, podrían llegar a desencadenar una disfunción – suponiendo que la situación desequilibrante se perpetúe en el tiempo sin tomar medidas al respecto.

Éste, tal como preconizaba Richard Gerber en su libro “La curación vibracional”, es un paso importantísimo que además de liberarnos de la carga de sufrimiento que conlleva la enfermedad, da pie a tratamientos más sencillos, más breves, más inocuos y menos costosos, puesto que siempre va a ser más fácil corregir un desequilibrio energético que sanar una enfermedad.

Y otro factor no menos importante, el paciente pasa a ser parte más activa y responsable de su salud. Una vez que accede a esta información, de él, de su voluntad, su coraje, su iniciativa y su disposición a posibles cambios en su estilo de vida va a depender que, una vez descubierto su conflicto pueda evolucionar y recuperar el estado de coherencia, salud y bienestar.

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